En las sociedades occidentales es muy elevado el número de individuos que no Consume suficientes productos frescos. Los nutricionistas recomiendan comer cinco porciones de frutas y verduras al día para obtener la dosis equilibrada de vitaminas y minerales que contribuyen a una dieta sana. Mucha gente, no obstante, consume menos: en Estados Unidos, por ejemplo, se consume una porción y media por término medio, y en Gran Bretaña, el 65% de la población come sólo una pieza de fruta al día. Muchos estudios científicos demuestran que las personas que comen más productos frescos tienen menos riesgo de muerte prematura por ataque de corazón o cáncer.
Son muy pocas las personas que evitan en su alimentación los productos procesados y refinados, y la gran mayoría probablemente no come la cantidad de frutas y verduras que los nutricionistas consideran suficiente. Se trata de una omisión que es demasiado fácil de ignorar, mientras corremos como unos locos de una reunión a otra, con tampoco tiempo que lo único que podemos hacer es comer rápidamente un bocadillo, y nos olvidamos de las comidas equilibradas. La salud de un sin fín de personas se ve afectada por ese estilo de vida frenético y el estrés que provoca la necesidad de apagar demasiados fuegos a la vez, intentando conciliar la vida laboral con la familiar. No es nada sorprendente que muchos de nosotros caigamos presos de una variedad recurrente de pequeños achaques, y que algunos de estos malestares terminen derivando en enfermedades más graves.
La fruta y las verduras frescas son unos ingredientes vitales en cualquier dieta. Aportan vitaminas y minerales que ayudan a proteger el cuerpo de muchos desórdenes y enfermedades, desde un resfriado común hasta el cáncer. Son baratas, fáciles de adquirir y de llevar (en el caso de la mayoría de las frutas), deliciosas e ideales como tentempié, así que ¿porqué no comemos las suficientes? ¿Por qué saciamos nuestro apetito con pastas dulces y patatas fritas? La respuesta, por supuesto, es que estos últimos productos ofrecen una forma rápida de satisfacer el hambre, pero en cambio no aportan casi ningún valor nutritivo a nuestro organismo.
La incorporación de una bebida fresca en nuestra dieta no nos hará más sanos, pero el proceso en sí de dedicar un tiempo a prepararla nos permitirá bajar el ritmo, relajarnos, y que ello se refleje en nuestra vida. Podríamos mejorar la salud con bastantes suplementos vitamínicos, pero está demostrado que elaborar un zumo con los ingredientes apropiados resulta más efectivo. Preparar un zumo nos permite absorber más vitaminas del producto fresco que si comemos la fruta o la verdura enteras. Es raro encontrar a alguien que aceptaría comerse una piña entera de una sola vez pero, en cambio, un vaso que contiene 225 mililitros de zumo de piña es una posibilidad mucho más atractiva. Elaborar una bebida a partir de verduras frescas es especialmente efectivo, ya que cuando las cocinamos destruimos muchas de las proteínas y de los nutrientes que el zumo conserva de forma intacta.

Las bebidas frescas son fáciles de digerir, aunque a causa de la falta de fibra no deberían reemplazar nuestras dosis de frutas y verduras. (La fibra es esencial para el buen funcionamiento del intestino grueso.) Las enzimas que están presentes en los productos frescos se aúnan a las enzimas del cuerpo para absorber todos los nutrientes del zumo y distribuirlos por todo el cuerpo en cuestión de minutos después de haberlo consumido.

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